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LOS ALUDES
Los aludes son, sin lugar a dudas, el principal riesgo al que nos
enfrentamos los practicantes de esquí de montaña y
de esquí fuera de pista. Un riesgo que, en mayor o menor
medida, siempre está presente. Por eso, es fundamental que
nos mentalicemos sobre su importancia. Y yo creo que, en general,
no lo estamos, al menos los que practicamos estas actividades en
los Pirineos y en el resto de montañas peninsulares.
A menudo tendemos a pensar que el hecho de que nos coja un alud
o no nos coja depende de la suerte, y que a nosotros no nos va a
tocar, y no es así. Simplemente depende de las leyes de la
física, si se tiene que desencadenar, se desencadenará,
y si nos tiene que sepultar, nos sepultará.
Sólo en los Pirineos (vertiente española y francesa),
durante la temporada 2007-2008 perdieron la vida 10 personas por
esta causa, lo que es un número altísimo teniendo
en cuenta la extensión de esta cordillera, el número
de practicantes de estas actividades y que no fue un invierno especialmente
nivoso. Aunque en todas partes cuecen habas. En la temporada 2005-2006
murieron 55 personas por aludes en Francia.
Entre las potenciales víctimas de los aludes están,
por supuesto, los practicantes de esquí de montaña
y los esquiadores que progresan desde las estaciones por fuera de
las pistas y, en menor medida, alpinistas invernales.
Las dos primeras actividades (esquí de montaña y
esquí fuera de pista) se encuentran en un momento de progresión
muy importante en cuanto al número de practicantes. Además,
por la popularización del freeride, cada vez son más
los esquiadores de pista que, sin ningún tipo de conocimiento
sobre los riesgos de la alta montaña invernal, se calzan
unas pieles de foca y se alejan de los dominios esquiables más
o menos controlados de las estaciones en busca de empinadísimas
laderas vírgenes intentando emular a los freeriders que se
ven en la televisión, por lo que es previsible que en los
próximos años el número de accidentes aumente.
Sin embargo, no hay que pensar que esos esquiadores sin experiencia
en montaña son los únicos que se exponen. En general,
existe un desconocimiento generalizado sobre los aludes, sus riesgos
y la forma de prevenirlos. De hecho, la mayoría de la personas
que perdieron la vida en el 2007-2008 en Pirineos eran expertos
o incluso profesionales de la nieve.
Y este desconocimiento probablemente es mucho más marcado
en nuestro país que en otros con más tradición
en los deportes de invierno y de montaña, como Canadá
o los países alpinos. Por poner algún ejemplo, en
los Alpes es muy frecuente que los aficionados a los deportes de
montaña en invierno conozcan y sepan aplicar métodos
para prevención del riesgo de aludes, como el método
Munter, o sean capaces de sacar e interpretar un perfil nivológico.
Ese tipo de cosas, en España se queda en el ámbito
de los profesionales, y sólo de algunos. La mayoría
de los que practicamos esquí de montaña lo más
que hemos hecho es leernos algún artículín
de dos páginas sobre aludes, y comprarnos una pala, una sonda
y un ARVA (normalmente si saber usarlo). Y si hablamos del otro
colectivo (esquí fuera de pista desde las estaciones), normalmente
ni eso.
Pensando en ese colectivo, sería muy importante que las
estaciones de esquí, al mismo tiempo que promueven el freeride
(como de hecho sucede) también promovieran el conocimiento
y la prevención del riesgo de los aludes. En muchas estaciones
de esquí de los Alpes existen parques para el aprendizaje
del uso del ARVA, donde se intentan reproducir las condiciones que
se pueden dar cuando una o varias personas son sepultadas por un
alud y de forma gratuita o por un precio simbólico se pone
a disposición de los usuarios ARVAS para que se entrenen
en el manejo de estos aparatos. Eso no existe en las estaciones
de esquí españolas. Y debería existir.
Resumiendo, todos tenemos que hacer un esfuerzo encaminado a la
prevención del riesgo de aludes para evitar que nos convirtamos
en portada de los telediarios.
UNAS NOCIONES MUY BÁSICAS
En general, existen tres tipos de aludes: los de nieve polvo, los
de placa y los de fusión.
Aludes de nieve polvo
Los aludes de nieve polvo se producen normalmente después
de nevadas importantes, a causa de la acumulación de nieve
polvo, poco coherente, aunque también se pueden producir
muchos días después de una nevada en una cara norte
donde la nieve se conserva durante días en estado polvo.
Pueden tener efectos muy destructivos, y a menudo se acompañan
de una gran onda expansiva.
Aludes de placa
Los aludes de placa son los que producen el mayor número
de muertes en los Pirineos. Se producen por el desprendimiento de
lo que se denomina "placas de viento". Las placas de viento
se forman debido a la acción del viento sobre la nieve. Como
consecuencia de complejos fenómenos físicos, la nieve
arrastrada por el viento forma unas placas más densas muy
débilmente ancladas a la nieve subyacente, que se desprenden
formando bloques de diversos tamaños que caen a gran velocidad,
arrastrando a su vez otros bloques produciendo un efecto dominó
de consecuencias terribles. El alud se produce frecuentemente por
el corte de la placa al paso del esquiador, aunque también
se puede producir producir de forma expontánea.
Las placas de viento pueden tener una extensión enorme y,
aunque se inician en una zona concreta, de forma casi instantánea
las grietas se propagan por toda su superficie, de manera que pueden
llegar a tener un frente de centenares de metros, lo que hace que
sea absolutamente imposible escapar de este tipo de aludes una vez
que se desencadenan.
Frecuentemente se oyen comentarios o incluso se lee en libros de
esquí de montaña que las placas de viento son fácilmente
reconocibles por su aspecto mate o por que los esquís deslizan
peor. Esto puede ser cierto en algunos casos pero, en general, es
falso, ya que sobre una placa de viento ha podido caer después
otra nevada, quedando oculta por la nieve nueva. Además,
no siempre nos movemos por la montaña con visibilidad total.
Basta con que esté un poco nublado para que no distingamos
la tonalidad o el aspecto de la superficie de la nieve. Otra cosa
a terner en cuenta es que no hace falta que el viento sople durante
días para que se formen las placas. De hecho, pueden producirse
aludes de este tipo durante las nevadas.
En los Pirineos, debido a sus condiciones geográficas, son
muy frecuentes las nevadas acompañadas de fuerte viento,
por lo que en esta cordillera estos aludes son los más peligrosos.
Aludes de fusión
Se producen por el desprendimiento de nieve húmeda, muy
densa, y son extremadamente frecuentes a final de temporada, aunque
se pueden producir en pleno invierno si se dan temperaturas altas
y en zonas solanas. Tienen un inicio puntual, y una velocidad más
o menos lenta en función de la pendiente. A pesar de que
normalmente son bastante previsibles, no se debe despreciar su riesgo
ya que mueven masas muy densas de las que resulta difícil
salir una vez que el esquiador es atrapado. De hecho, en los últimos
años se han producido accidentes graves en los Pirineos por
esta causa.
Por este motivo, resulta imperativo madrugar a final de temporada,
e incluso renunciar a determinados itinerarios si la temperatura
es muy alta.
LA ESCALA EUROPEA DE RIESGO DE ALUDES
Existe una escala reconocida a nivel europeo que se actualiza a
diario por parte de las instituciones implicadas a partir de datos
que se toman en diferentes observatorios.
Se clasifica el nivel de riesgo entre 1 y 5 dependiendo de la probabilidad
de que se produzcan aludes de diferente importancia. Se puede consultar
el nivel de riesgo en varias webs oficiales, como la de la Agencia
Estatal de Meteorología.
La experiencia indica que se debe tomar con cierta cautela, y dejar
un cierto margen de seguridad adicional, debido a que durante los
episodios de nevadas puede variar rápidamente el nivel de
riesgo sin que dé tiempo a actualizarse. Además ,
en determinadas zonas protegidas y orientadas al norte, la nieve
puede tardar más en asentarse, por lo que localmente el riesgo
puede ser mayor de lo que se indica en los boletines.
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