INFORMACIÓN PRÁCTICA

LA ELECCIÓN DEL MATERIAL EN EL ESQUÍ DE MONTAÑA

Este artículo está dirigido principalmente a los que se inician en el esquí de montaña y se enfrentan a la difícil tarea de elegir el equipo.

La mejor forma de acertar en la elección del material es dejarse asesorar por el profesional. No obstante, es bueno tener un cierto criterio y una idea de lo que nos podemos encontrar para tener unas mayores posibilidades de hacer la mejor elección.

Durante los últimos años, el material de esquí de montaña ha experimentado un gran avance impulsado por varios factores. En primer lugar, el gran crecimiento que está experimentando este deporte en lo que se refiere al número de practicantes hace que los fabricantes hayan aumentado mucho la oferta, de manera que algunas marcas de esquís o botas que hasta hace poco no fabricaban material específico de esquí de montaña ahora sí lo hacen, y otras que ya lo hacían han incrementado el número de modelos. Al mismo tiempo, el avance constante en la ingeniería de los materiales ha permitido mejorar las características de los equipos, encontrando ahora material mucho más ligero que funciona muy bien.

Por último, el impulso del "freeride" dentro del ámbito del esquí alpino, nos permite ahora disponer de material que ya no es exclusivo del esquí de montaña, lo que ha creado una gran oferta de material verdaderamente polivalente con unas altas prestaciones, sobre todo en lo que se refiere a tablas de esquí, aunque ya se pueden encontrar también fijaciones y botas con las características propias del material del esquí de montaña que se fabrican pensando en los esquiadores de las estaciones de esquí que hacen pequeños foqueos en busca de nieve virgen.

LOS ESQUÍS

La revolución que supuso la aparición de los esquís parabólicos a principios de los 90 no se quedó sólo en el ámbito del esquí alpino. Aunque con retraso, llegó también al mundo del esquí de montaña, y ahora casi nadie se plantea adquirir un equipo que no sea de estas características. Los esquís parabólicos, concebidos principalmente para conducir los giros en pistas pisadas, resultaban perfectos para el esquí de montaña por su mayor anchura de espátula que les confería una mayor flotabilidad en nieve virgen.

Al mismo tiempo que se imponían los esquís de carving en las pistas, se desarrollaba un nuevo tipo de esquís pensando principalmente en los usuarios que accedían a los fueras de pista de las estaciones, denominados de "freeride", manteniendo la forma parabólica y con una mayor anchura a lo largo de toda su longitud. Éstos esquís, con el paso de los años han ido creciendo en anchura, y ahora no resulta raro ver esquiadores en las estaciones con esquís que hacer 7 u 8 años parecían destinados exclusivamente a las montañas de Alaska o Canada, con anchuras en el patín de más de 90, 100 o incluso 110 mm. Esta filosofía, ha llegado también al esquí de montaña, aunque con matices, ya que existe una exigencia de ligereza que no se da en el esquí alpino "mecanizado". En el esquí de montaña, para bajar antes hay que subir, y la búsqueda de un mayor placer bajando nunca debe convertir la subida en un suplicio. Hay que tener en cuenta además que unos esquís anchos son más pesados que unos estrechos porque aparte de ser más voluminosos, necesitan tener una mayor rigidez a torsión, así que los materiales a utilizar en el esquí deben ser capaces de proporcionar esa rigidez, lo que implica un mayor peso. Por otra parte, un anchura excesiva también puede implicar una mayor inestabilidad o inseguridad en las subidas, por ejemplo cuando se foquea por nieve dura. Así que hay que buscar el equilibrio.

¿Y dónde está ese equilibrio? ¿Cuál es la anchura más adecuada para unos esquís de montaña? Pues éste es uno de los problemas que a muchos se les plantean cuando van a hacerse con un equipo nuevo, sobre todo cuando piden consejo a otros o se dejan asesorar por los vendedores, ya que las respuestas que uno puede recibir a estas preguntas son muchas, todas diferentes y todas verdaderas. Depende de lo que uno persiga encontrar cuando salga a la montaña, de la importancia que le de a la ligereza frente a las prestaciones y de como se quiera repartir esa exigencia de ligereza entre las diferentes partes del equipo: botas, esquís y fijaciones. Lo que está claro es que la ligereza es fundamental en el esquí de montaña. Un kilo de más en los pies implica un desgaste muy superior al que supone un kilo de más en la mochila. Y la diferencia entre llevar un equipo más o menos ligero (sin ser de competición) a llevar un equipo pesado puede ser más de tres kilos entre los dos pies. Así que indudablemente el peso hay que cuidarlo.

Sin embargo, la contribución de los esquís a la ligereza es relativa, y suele ir directamente relacionada con una pérdida de prestaciones en la bajada, lo que no sucede con las fijaciones, por ejemplo, así que muchos esquiadores-montañeros que buscan placer bajando y ligereza subiendo optan por unas fijaciones ligeras y unos esquís con cotas anchas. De esa forma se pueden llevar unos esquís con un patín de unos 80 mm o incluso algo más, cuyo peso rondará los 3 kilos el par, frente a algo más de dos kilos que pueden pesar unos esquís de gama media con un patín de unos 68-70 mm. Esa diferencia de peso se compensa con unas fijaciones ligeras, que no suponen pérdida de prestaciones, con una seguridad suficiente en caso de caída.

Por otra parte, unos esquís excesivamente anchos nos hacen perder en polivanecia, y en ese caso el peso ya no es la razón fundamental para no usarlos en esquí de montaña. Llevar una anchura de 90 mm o más probablemente tiene poco sentido en las montañas peninsulares donde los días de nieve polvo profunda son escasos, a no ser que se pueda disponer de dos pares de esquís dependiendo de las condiciones de nieve, que no es lo usual. Seguramente, la mayor polivalencia la encontraremos en esquís con anchuras de patín de entre 70-80 mm y radios de giro de 18-20 m.

En cuanto a la longitud, mientras que en freeride se suele optar por longitudes superiores a la altura del esquiador, en esquí de montaña, por las exigencias de la subida, lo habitual es ir a algo menos de la altura, o incluso bastante menos, aunque tampoco se puede dar una regla fija, ya que influye el nivel de esquí, la corpulencia y, por supuesto, la importancia que se la dé al difrute bajando frente a la comodidad subiendo.

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Actualizada el 16/9/09

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