REPORTAJES

MARRUECOS Y EL ALTO ATLAS

Por Javier Baratech

Cuando uno se plantea hacer un viaje a otras cordilleras fuera de nuestras fronteras en busca de grandes montañas nevadas, raramente se piensa en Marruecos, y probablemente está justificado. Tenemos los Alpes a una distacia similar con montañas enormes y mucha nieve, adonde podemos ir con todas las comodidades, y repetir una y otra vez sin cansarnos. Pero si lo que buscamos es hacer un viaje a un país con una cultura totalmente distinta y de paisajes alucinantes, con la posibilidad de practicar esquí de travesía en sus grandes montañas, y a una distancia relativamente corta, Marruecos puede ser el destino ideal

Se trata de un país muy extenso y de paisajes variados. Las posibilidades para practicar este deporte pasan sobre todo por el Alto Atlas, culminado por el ToubKal, que con sus 4167 metros de altura es la máxima elevación del Norte de Africa. No obstante, hay otras zonas en las que, si se dan las condiciones adecuadas, se puede practicar este deporte, como el Atlas Medio y el Rif, que es la cordillera que queda más cerca de la costa y que es visible desde Sierra Nevada.

La mejor época para la práctica del esquí de montaña en Marruecos en el Alto Atlas, que es el destino más escogido, es entre enero y marzo. Es preciso asegurarse antes de ir de que hay nieve suficiente, ya que el clima es muy seco y puede haber larguísimos periodos sin precipitaciones. Además del Toubkal, el Alto Atlas ofrece otras alternativas, seguramente igual de interesantes, como el Ras Ounakrim y el Timesguida,en la misma zona del Toubkal o, más al este, los macizos del de M'Goun (4068 m) y el Waougoulzat (3730 m).

Plantear un viaje a Marruecos sólo para practicar esquí de montaña puede estar justificado si tenemos la seguridad de que se van a a dar unas condiciones de nieve adecuadas. No obstante, puede ser razonable aprovechar la visita para conocer un país que ofrece muchos otros alicientes al visitante.

Con ese planteamiento, en el año 2004 dos amigos de Graus (Oscar y Diego) y yo decidimos hacer un viaje a Marruecos con la intención de conocer un poco ese país y, de paso, acercarnos al Alto Atlas para hacer alguna ascensión con esquís, con la mirada puesta sobre todo en el Toubkal, más que nada por ser la montaña más conocida y por el atractivo adicional de ser la máxima altura de la cordillera.

Así, un 31 de diciembre salimos en dirección a Marruecos. Tras celebrar la Nochevieja sin uvas en el puerto de Algeciras esperando el primer ferry de la mañana, cruzamos el estrecho y llegamos a Tetuán, donde aprovechamos a conocer su medina (o ciudad antigua), declarada patrimonio de la humanidad, una joya de la cultura musulmana con callejones sinuosos, bonitas plazoletas y grandes puertas, que atraen la curiosidad del viajero.

 

 

Tetuan

En Tetuán emprendimos nuestro camino hacia el sur, en busca de las grandes montañas de Marruecos. Nuestra siguiente parada fue en las localidades de Salé y Rabat, capital del país, donde pudimos visitar el Mausoleo de Mohamed V, joya del arte musulmán, y desde allí pusimos rumbo a Marrakech.

 

Mausoleo de Mohamed V en Rabat

Marrakech es uno de los principales centros turísticos del país. Coloquialmente esta ciudad es apodada Medina Al-Ham'rá es decir, en árabe, «La Ciudad Roja» por el color de sus edificaciones y las tonalidades predominantes en el entorno. Sin duda el lugar más emblemático de Marrakech es la plaza Jamaa el Fna. Junto a la plaza está la Medina de Marrakech, que fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 1985, y en la que vale la pena perder algo de tiempo para hacer compras. Otro lugar de interés es la Mezquita Koutoubia, cuya torre o alminar es el modelo de los de las mezquitas de Rabat, con la Torre Hasan y de la Giralda de Sevilla.

 

Zoco en la Medina de Marrakech

Mezquita Koutoubia en Marrakech

Debido a su proximidad con el Alto Atlas, Marrakech suele ser el punto de partida habitual para acceder a la zona del Toubkal. Tras pasar dos días en esa ciudad, y ya con la mirada puesta en el Toubkal, recorrimos los 70 km que la separan de Imlil, comienzo habitual de la ascensión a esa montaña.

Imlil es un bonito y acogedor pueblecito bereber lleno de vida debido al continuo ir y venir de los montañeros. Lo más cómodo es alojarse en algún albergue y partir a la mañana siguiente temprano hacia el refugio Neltner. Es habitual contratar allí algunas mulas que nos ayuden a portear el equipo hasta el refugio, ya que el recorrido a pie es largo, unas 4 horas, y con el peso extra de todo el equipo de esquí de montaña está más que justificado. Además, resulta muy económico, unos 6 euros por mula, y 6 más por cada porteador en caso de que por causa de la nieve las mulas no puedan llegar hasta el refugio (precios de 2004). Además, así se contribuye a la economía local, realmente deprimida.

 

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Actualizada el 16/9/09

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